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	<title>La espina de Tautina</title>
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	<description>Las mil caras de la fantasía</description>
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<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/11/26/que-lastima-pero-adios2">
	<title>Qué lástima pero adiós</title>
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	<dc:date>2006-11-26T09:31:09Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>espinas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/adios.jpg"/></center><br />
<br />
Por fin, después de tres semanas, el servidor de bitácoras me permite entrar en la administración de mi página y dejar este comentario de despedida. Por supuesto, ya busqué una nueva casa donde comenzar otra vez, aunque no dejo la dirección por aquello de ser buena amiga de los misterios. <br />
El que me busque, me encontrará, y al que le de pereza rastrearme que no se preocupe, que lo encontraré yo.<br />
Gracias por llegar hasta aquí una última vez, os veo en mi próxima fantasía.]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/09/14/el-hidalgo-irreal">
	<title>El hidalgo irreal</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/09/14/el-hidalgo-irreal</link>
	<dc:date>2006-09-14T10:16:56Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>pétalos</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/soneto.jpg"/><br />
<br />
¿Es el amor aquello que allá brilla,<br />
o es otra nueva ensoñación del alma<br />
que, por medio de un engaño más, me calma<br />
mi habitual necesidad de ser querida?<br />
<br />
¿Es quizás este amante improcedente,<br />
hombre honesto y encubierto que esperaba,<br />
veraz hidalgo o digno camarada,<br />
del río del amor un sobrio puente?<br />
<br />
No, que sólo es un hombre igual a todos.<br />
Ni es mi amante, ni será mi amado,<br />
aunque lo crea yo de todos modos.<br />
<br />
Sé que no es aquel que yo quisiera,<br />
pero soñarlo me hace muy dichosa<br />
y eso ya es más de lo que mi alma espera. </center>]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/13/amor-canino">
	<title>Amor canino</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/13/amor-canino</link>
	<dc:date>2006-08-13T08:58:53Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>pétalos</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/perro.jpg"/></center><br />
<br />
<p align=right><i>Demasiado calor para escribir, <br />
demasiada pereza para leer. </p></i><br />
<br />
<center>Tú que nunca me has fallado,<br />
que has estado<br />
a mi vera en cada instante,<br />
que has lamido mis lágrimas<br />
y venerado el suelo donde piso<br />
con gesto sumiso y acariciante.<br />
Sí, tú.<br />
Tú sí eres importante.<br />
</center>]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/10/el-amor-postal-de-paquita-y-edelmiro">
	<title>El amor postal de Paquita y Edelmiro</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/10/el-amor-postal-de-paquita-y-edelmiro</link>
	<dc:date>2006-08-10T12:01:51Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>brotes</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/correo.jpg"/></center><br />
<br />
Paquita conoció a Edelmiro un verano, en el pequeño pueblo castellano de sus padres. Aquello fue, como suele decirse, un flechazo, y aunque, llevados por la pasión, el mes de vacaciones se les antojó el más corto de sus vidas, resultó, a cambio, el más intenso que ambos recordarían por muchos años.<br />
En septiembre, Paquita volvió a Barcelona y Edelmiro a Orense, no sin antes afianzar su amor con la promesa de cartas y llamadas que avivasen el cariño hasta el siguiente verano, pero como ocurriera que Paquita trabajaba de secretaria a jornada completa en un despacho de abogados, y Edelmiro de vigilante nocturno en unos grandes almacenes, no encontraron forma de cuadrar los horarios para esas largas e intimas llamadas de ternura, por lo que acabaron supliendo su falta de roce e información con gruesas y jugosas cartas enamoradas, que no sólo mantenían viva la llama del amor sino que, en según qué párrafos, la atizó hasta la satisfacción.<br />
Y así siguió el ir y venir de palabras enamoradas de una punta a la otra de España, a cargo del eficiente y puntual Servicio Nacional de Correos. Edelmiro, martes y jueves, dormía apenas unas horas al llegar del turno y esperaba pacientemente junto a la puerta de casa, a eso de las diez, al cartero que había de traerle las delicadas palabras de mujer, dulces, cariñosas y suaves, escritas en cuartilla blanca con membrete del bufete Fermín de Aguilar y asociados. A veces, inesperadamente, caía del interior del sobre un pétalo de rosa, una servilletita con perfume o una foto, que enardecía sin remedio el amor de Edelmiro, y éste contestaba raudo, llevado por la pasión, nuevas letras llenas de anhelos.<br />
Entre las ocupaciones de Paquita estaba la de revisar el correo del despacho, que cada mañana le entregaba en mano el conserje del edificio, pero invariablemente, miércoles y sábados, un sobre tamaño folio de los almacenes Lepanto de Orense, destacaba entre el montón de la correspondencia, y dentro, su querido Edelmiro, le regalaba ardores y efusiones cortejadoras con creciente entusiasmo.<br />
Cuatro meses habían pasado desde que comenzara el intercambio epistolar, cuando Paquita descubrió, un viernes, una carta de Edelmiro en su pila de correspondencia diaria. Extrañada miró la fecha del matasellos y a Manolo, el conserje, varias veces, hasta que éste le devolvió la mirada de sorpresa. “No puede ser” susurró ella mientras arrojaba el resto de cartas sobre el mostrador de conserjería, abría apresurada el enorme sobre y leía en silencio el contenido.<br />
Entre las líneas de esa cuartilla, Edelmiro, tras un cariñoso saludo, le hablaba una vez más de la impaciencia con la que día tras día esperaba sus cartas, le contaba de las horas de sueño a las que renunciaba por estar junto al buzón de casa en el instante en que llegaba el cartero, para recibir así las noticias de su amada en propia mano, y le explicaba tanto deseo reprimido y tanto fuego como despertaban sus sensuales coqueteos escritos. Después de esto, de forma breve y apresurada, como quien toma una decisión urgente y carece de tiempo para exponerla, Edelmiro decía que el cartero no era tal “él” sino “ella”, y que a fuerza de esperar su llegada con creciente ansiedad, de tomar la carta de entre sus diestras manos de cartera diplomada y de mirar sus ojos con la pasión reprimida del amor insatisfecho, había acabado por entregar su corazón a la funcionaria postal y que, sintiéndolo mucho, debía romper esta idílica y documentada relación veraniega.<br />
Paquita sintió una profunda decepción que le asomó a los ojos en forma de lágrimas frustradas. Releyó por encima los renglones manuscritos, por aquello de que no hubiera entendido bien el sentido de lo dicho, pero lo hizo a sabiendas de que no había error posible. Edelmiro, hombre ardiente y apasionado según pudo constatar por sus letras, necesitado, como todos los hombres, más de libídine que de dulzuras, ya tenía a otra, una mujer de verdad y no de papel, y nada que ella pudiera escribirle cambiaría eso.<br />
Entonces estrujó el folio entre los dedos y miró de reojo a Manolo, el conserje, que continuaba parado frente a ella al otro lado del mostrador, preocupado por el extraño comportamiento de Paquita esa mañana. Pensó en que nunca hasta ahora había reparado en él, a pesar de verlo a diario para recogerle el correo, y de esos ojos azules, y de ese bigote espeso, y de que era tan alto y tan apuesto. Pensó en tantos saludos como habían cruzado este último año, en cómo se preocupó de guardarle el correo toda una semana cuando estuvo en cama con gripe y en que, a veces, si llegaba muy temprano, Manolo la acompañaba hasta la oficina para que no fuera sola por los pasillos del edificio a esas horas. Y entonces Paquita, de pronto, se sorprendió preguntando, con su sonrisa más coqueta:<br />
- ¿Tienes algún plan para esta noche, Manolo?]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/08/amor-lunar">
	<title>Amor lunar</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/08/amor-lunar</link>
	<dc:date>2006-08-08T12:27:34Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>pétalos</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/lunar.jpg"/></center><br />
<br />
<p align=right><i>Demasiado calor para escribir, <br />
demasiada pereza para leer. </p></i><br />
<br />
<center>Hace demasiado calor para amar.<br />
Verano de excesos, <br />
desmedido ardor<br />
que moja , que apaga, que enfría mi mar.<br />
Yo quiero que pase la época estival,<br />
que venga, por fin, el frío invernal,<br />
que sufro las noches mojada en sudores,<br />
bañada en calores<br />
y duermo abrazada a mi amor lunar.</center><br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/06/la-liga-de-los-caidos">
	<title>La liga de los caídos</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/06/la-liga-de-los-caidos</link>
	<dc:date>2006-08-06T16:05:15Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>brotes</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/pista.jpg"/></center><br />
<br />
Hace horas que se encendió la luz, lo sé porque nos sacaron del cuchitril que nos sirve de estancia y comenzaron a nuestro alrededor los sonidos cotidianos que anuncian una nueva jornada de pesadilla.<br />
La angustia me asfixia. Como cada día, mi cuerpo se tensa a medida que se avecina el momento. No puedo verlo pero sé que pronto, una argolla de hierro atenazará mi cuello y me arrastrará hasta el lugar marcado. Las huellas circulares en el suelo indican donde serán colocados con igual trato, otros como yo, para esperar el suplicio. <br />
Y entonces, sin previo aviso, comenzará la tortura. Seremos golpeados, una y otra vez, cayendo unos sobre otros y derribándonos por nuestro propio peso o por la fuerza de los impactos, entre los vítores salvajes de aquellos que nos agreden, para luego ser arrastrados de nuevo por el cuello, con las tenazas de hierro, hasta obligarnos a permanecer de pie. Caer y levantarse, cada día, junto a nueve de mis iguales, hasta que alguno perezca o termine otra jornada de castigo.<br />
El terror me nubla el entendimiento, es la hora. Ya escucho los cortos pasos de las deportivas autorizadas, siento el golpe seco de la bola de tres agujeros sobre el parquet y el rodar por la pista de sus cinco quilos, viniendo directa y sin compasión a marcar un pleno al diez con nosotros.<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/04/otro">
	<title>Otro</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/04/otro</link>
	<dc:date>2006-08-04T17:02:48Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>espinas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/infidelidad.jpg"/></center><br />
<br />
Tócame si quieres. <br />
Bésame, busca el rincón más perceptivo de mi cuello, rodea mi cintura e impídeme marchar, que no me importa. Entretente cuanto gustes en mis pechos, recréate lamiéndome la piel y considérate inspirador de mis suspiros, que me da igual. Deséame y cumple al tiempo el deseo de gozarme, que al hacerlo, tu pasión no está ocupando ni un ápice de mi mente soñadora.<br />
Que me muerdes las caderas y no me estremezco, pues otra boca anda evocando mi mente. Que susurras palabras ardientes y no las escucho, pues tengo el oído perdido en el latir de otro corazón. Que entras en mí y tus envites no me queman, porque otro es el fuego que espolea hoy mi ardor.<br />
Y te derramas en mis adentros pero no son los míos, que yo ya me fui de este cuerpo, y anda en las nubes del enamoramiento mi alma infiel. Por eso, no puedes tenerme por más que lo creas cuando me posees, por eso, la expresión que disfrutas en mi rostro no es la de tu éxtasis, sino el deseo de otro, el anhelo, el delirio del amor verdadero.]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/01/el-tesoro-gratuito">
	<title>El tesoro gratuito</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/08/01/el-tesoro-gratuito</link>
	<dc:date>2006-08-01T11:32:02Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>ramas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/masfotos/gratis.jpg"/></center><br />
<br />
- Mamá, ¿puedo montar en el castillo hinchable? – pregunta insistente Pitágoras, mi búho blanco de siete tiernos años – Anda, mami, ¿puedo?<br />
Paseamos por la feria del pueblo y ya es la tercera atracción en la que solicita montarse.<br />
- No, ya llevas dos, y cuesta mucho dinero.<br />
- ¿Y en la piscina de pelotas? Anda mamá ¿sí?<br />
- Que no, que es carísimo.<br />
Aburrida por su insistencia resuelvo salir del recinto ferial, a unos metros de allí, nos topamos con un parque, hasta entonces público, y ahora vallado y con una taquilla en su entrada.<br />
- Mira, mami, el parque de los columpios, aquí si que puedo entrar ¿no?<br />
- No Pitágoras, también cuesta dinero – y llevada por el enojo acabo sentenciando -.Por lo visto ya nada es gratis en ningún sitio.<br />
Pitágoras fija su sabia mirada en el horizonte, por encima de la valla que rodea el parque, y pregunta con gesto defraudado<br />
- ¿Y por qué?<br />
- Porque es divertido, claro – continúo mi retahíla furiosa - . Algunas personas se valen de cualquier cosa mínimamente divertida para sacar provecho de ella. Ya ves, no queda nada que te haga feliz y no cueste dinero. Y si lo hay, ten por seguro que dejará de ser gratuito en cuanto alguien lo descubra.<br />
- Yo tengo una cosa que me hace feliz y no cuesta ningún dinero.<br />
Me sorprende su salida y sonrío al fin. Me estaba poniendo demasiado seria con el tema, así que dulcifico el tono y bromeo:<br />
- ¡Vaya! Qué suerte tienes. Pues no se lo digas a nadie o te acabará saliendo caro.<br />
- Esto no – dice con seguridad -. Tengo todo el que quiero para ser feliz sin pagar nada, y sé que de mayor también será gratis.<br />
Está consiguiendo despertar mi curiosidad y le pregunto:<br />
-¿Y que cosa es esa tan valiosa y gratis que tienes tú?<br />
Y Pitágoras contesta triunfal:<br />
- Tu cariño. ]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/30/de-la-injusta-leyenda-de-la-isla-del-baron-y-la-princesa-rusa-que-moro-en-ella">
	<title>De la injusta leyenda de la Isla del Barón y la princesa rusa que moró en ella</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/30/de-la-injusta-leyenda-de-la-isla-del-baron-y-la-princesa-rusa-que-moro-en-ella</link>
	<dc:date>2006-07-30T23:15:36Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>raices</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/isla.jpg"/></center><br />
<br />
<p align=right><i>Ayer escuché a unos pescadores del puerto de San Pedro del Pinatar contar una leyenda sobre la Isla del Barón, sita en el centro del Mar Menor, en Murcia, y esa misma noche, comprobé la historia real de las ruinas que en ella se ubican. Por esto, y porque mis personajes se cuelan en mi mente sin pedir permiso y hablan por mi boca sin que pueda evitarlo, por esto es decía, que mis manos, de las que en ocasiones no dispongo, han escrito hoy lo siguiente: </p></i><br />
<br />
<br />
Yo soy el barón de Benifayó, y en grata hora me batí en duelo con cortesano tan relevante como fue don Diego de Castañeda, y digo fue, pues no puede serlo más después de que mi florete le atravesara el pecho de parte a parte en perfecto lance. Murió el malhayado don Diego y quisieron los cielos que en castigo, fuese yo confinado en singular isla, nacida y reinante en el centro mismo del mar que llaman certeramente, menor.<br />
Abandonado en la isla, prendóme della y su entorno desde el primer momento en que la pisara, pues es este un lugar delicioso para la vida, lejos de la civilización, rodeado de natural belleza y de un mar como no existe otro en el redondo mundo, pues encontrándose dentro del pequeño mediterráneo, es aún más reducido, ya que la costa lo recoge para sí, cual laguna salada limitada por un largo brazo y su manga de tierra.<br />
Tanto me enamoré de este lugar que, terminado mi castigo y libre ya de mi reclusión, compré esta hermosa isla y trasladé aquí mi lugar de residencia, construyendo para tal uso, un palacete de estilo neomudejar, tan de moda entre los nobles a finales del diecinueve, al que añadí por mi gusto un insigne torreón, en cuyas paredes reinaba el escudo de mi ilustre casa. Y como fuera que mi fortuna era abundante y mi ánimo vivía exaltado por el bienestar en aquel idílico paraje, las fiestas se sucedían, nobles de todo el litoral acudían en galeotas y el vino y las mujeres destacaban en cada celebración, dándole una fama tan grande como depravada a estos festejos.<br />
Y fue en uno de estos bailes donde vi por primera vez, tan rubia y pálida, tan esbelta y grácil, a la princesa rusa que enamoró mi corazón conquistador. Me fue bien fácil conseguir de su arruinada familia, el beneplácito para el matrimonio, mas no el suyo, pues obligada a vivir junto a mí, cerró su corazón y perdió para siempre su vista en el mar con melancólico gesto. Mil veces la vi bajar hasta la playa de los contrabandistas, desnuda y abandonado su pensamiento entre las olas que lamían las rocas, pero ese deseado cuerpo de hembra noble, que invitados y pescadores veían con embeleso y lujuria durante los largos paseos de mi princesa, no tuvo nunca más dueño que el mismo mar.<br />
Ha pasado un siglo y mi alma ha quedado encerrada entre las ruinas del palacete que en vida fue mi morada y ahora es sólo mi cárcel. A menudo, escucho a los pescadores contar historias sobre mi amada, que dicen pereció entre mis manos y fue enterrada en secreta tumba en esta isla. El altísimo me otorgó la dádiva de no recordar en mi purgatorio terreno tal episodio, si es que fuera cierto que así sucediera, que también pudiera ser cruel leyenda. <br />
Cuentan además que al caer la noche, se la ve aún vagar por la playa, desnuda y envuelta en un aura levemente iluminada, pero por mucho que lo deseare, por más que suplicare al cielo en estos años, yo no he podido volver a contemplarla pues, por gloria del Dios justiciero, dicen que su exquisita figura se esfuma cuando se acerca a las ruinas, cubiertas de sombras, del palacio donde, como alma en pena, habito.]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/25/no-no">
	<title>No, no</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/25/no-no</link>
	<dc:date>2006-07-25T09:49:37Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>raices</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/orilla.jpg"/></center><br />
No, no estoy de vacaciones, sino trabajando mucho, demasiado para mi gusto, tanto que he de sacrificar mi vocación por mi deber, como siempre. <br />
Mientras trato de ajustarme al plazo de entrega de mi último proyecto, que se cumplirá en una semana, dejo mi ventana abierta al mar, por si tú, como yo, eres, o amas, la <a href=" http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/04/29/madre-naturaleza " target="_blank"> naturaleza viva </a>. ]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/12/que-treinta-y-siete-anos-no-es-nada">
	<title>Que treinta y siete años no es nada</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/12/que-treinta-y-siete-anos-no-es-nada</link>
	<dc:date>2006-07-12T22:56:51Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>espinas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/balanza.jpg"/></center><br />
<br />
<p align=right><i> Sentir... <br />
que es un soplo la vida, <br />
que veinte años no es nada, <br />
que febril la mirada, <br />
errante en las sombras, <br />
te busca y te nombra. <br />
Vivir... <br />
con el alma aferrada <br />
a un dulce recuerdo <br />
que lloro otra vez... </p></i><br />
<br />
Es tiempo de hacer balance de experiencias y bagajes, de amontonar cuanto tengo y cuanto soy, y de escalar mi montaña de existires y teneres para mirar el mundo desde su cumbre.<br />
Y reúno mis tesoros materiales, que son bastantes, pues tengo cuanto necesito, aunque dista mucho se ser cuanto quiero ya que, como el resto de la humanidad, anhelo un estatus social que me permita trabajar menos y existir más. <br />
Y sobre estos inmundos capitales, apilo los dignos tesoros espirituales que ostento: mi minúsculo talento artístico, mi desarrollo personal, mi esforzada instrucción y poco más. Medito también si la felicidad se mide por la ausencia de la misma, y entiendo que puedo tenerme por moderadamente afortunada, pues reconozco y valoro altamente las pequeñas salpicaduras de dicha que tildan de vez en vez mi monótona existencia.<br />
Mi montaña va creciendo, y mientras escalo, remolco conmigo cierta envidia hacia aquellos que consiguen todo de la vida sin ningún esfuerzo, y parece que me escoro a la derecha, así que miro tras de mí quien recoge las migajas de mi escudilla, y compenso con la empatía esa codicia. <br />
Ahora que voy terminando mi obra, veo que es una pobre montaña esta que fabrico, e intento colmarla con todos mis proyectos, pero no consigo engrosarla un ápice, pues las ilusiones y sueños, mientras no se tornen realidades, no son más que aire en el aire.<br />
Así pues, no he obtenido más que una modesta colina personal que apenas se levanta del llano suelo, sobre cuya cumbre reparo que lucen, sin embargo, tres joyas preciosas que valen su peso en oro, y que formó mi vientre como las perlas perfectas se forman en la ostra. Pero el orgullo que siento al mirarlas se empaña cuando veo en el espejo de sus grandes ojos mi soledad en su cuidado, mi tácita dedicación y la falta de libertad.<br />
Qué poco tengo y qué poco soy vista desde aquí arriba, la dosis lograda de bienestar, amor y éxito apenas inclina la balanza a mi favor un cumpleaños más.<br />
Tengo que empezar a esforzarme de veras en ser feliz un día de estos. Por fortuna, treinta y siete años no es nada…]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/10/la-lluvia-innecesaria">
	<title>La lluvia innecesaria</title>
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	<dc:date>2006-07-10T01:58:05Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>espinas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/lluvia.jpg"/></center><br />
<br />
Hoy que me han fallado los amigos, que no soy rival para los enemigos, que la vida me vence sin consuelo y la esperanza se me escapa por cada rincón de mi cuerpo. Hoy que ando sin andar en mí, que ni siento ni padezco de tan triste que me encuentro, que no me corre la sangre por las venas de exánime, de derrotada, de diluida que la tengo. <br />
Hoy que no comprendo, hoy que todo es igual, hoy que siempre es lo mismo… Hoy no quise más palabras y me llovieron ciento. ]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/08/nicoleto">
	<title>Nicoleto</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/08/nicoleto</link>
	<dc:date>2006-07-08T10:38:14Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>pétalos</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/feo.jpg"/><br />
<br />
Nicoleto se llamaba <br />
ese ser tan especial<br />
que a todos desconcertaba<br />
con su nombre sin igual.<br />
Y tenía Nicoleto,<br />
y tenía él, además,<br />
unas napias y una tripa<br />
que eran ya lo más de más.<br />
Semejante personaje<br />
no se podía esperar<br />
que una hembra se fijara<br />
en su porte, tan rural.<br />
Sin embargo sucediera<br />
que una hembra se fijo,<br />
y del sin par Nicoleto,<br />
ella fue y se enamoró.<br />
Aunque había que mirarla<br />
a la fémina en cuestión,<br />
que si el Nico era feúcho,<br />
ella era con más razón. <br />
Una cara de caballo…<br />
Un cuerpo de centurión…<br />
Unas piernas de herradura…<br />
Más que mujer, ¡mujerón!<br />
- Como te llamas -<br />
pregunta Nicoleto muy cortés,<br />
- Mari Fe de las Virtudes -<br />
contesta, con interés,<br />
la jacona enamorada,<br />
y hace un ademán francés.<br />
- Anda ya – replica el Nico<br />
riéndose sin parar<br />
- tú no te llamas Virtudes.<br />
Dime a ver, ¿adónde están?-.<br />
- Adónde están lo qué dices.<br />
-Las virtudes ¿qué va a ser?<br />
- ¿Qué te crees tú, Nicoleto?<br />
¿Es que te has mirao al revés?<br />
Si eres más feo que un mono<br />
¿Qué virtudes quíes ver?<br />
A ver a qué aspiras tú<br />
siendo mulo con ronzal.<br />
Si yo fuera moza guapa<br />
en ti me iba a fijar.<br />
- Mi portento está adentro -<br />
dice airado Nicoleto<br />
- hay que buscarlo con tiento.<br />
- Pos ven pacá que te busque<br />
y verás tú mi talento.<br />
Que si el tuyo está escondío,<br />
el mío ya, ni te cuento.<br />
<br />
- Y así encontraron bien dentro<br />
este feo y esa fea<br />
el tesoro prometío,<br />
que no enseñamos por fuera,<br />
pero que estaba ahí metío. <br />
</center>]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/06/apetencias-y-querencias">
	<title>Apetencias y querencias</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/06/apetencias-y-querencias</link>
	<dc:date>2006-07-06T12:19:01Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>raices</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/apetencia.jpg"/></center><br />
<br />
Me apetece buscar la caricia fortuita de tus manos, esa que no pido en apariencia y que, surgiendo, me obligará a cerrar los ojos para mejor sentirla. Revoloteo a tu alrededor buscando esa fricción que incita a mis sentidos y el mero hecho de perseguir tu contacto ya me altera el ánimo.<br />
Quiero sentir palabras dulces mimando mi corazón y mi nuca en un susurro, quiero saberme hermosa cuando murmuras “hermosa” ,y te abrazo y te agasajo para conseguir mi halago a cambio.<br />
Deseo ser besada hasta aburrirme, quiero que recorras mi cuerpo con tu boca hasta dormirme, y que continúes incansable hasta despertarme el antojo de más roces, y es por eso que me cuelgo de tu cuello y te besuqueo imparable.<br />
Siento el afán de amarte, y ser correspondida para anhelarte aún más, quiero necesitarte para respirar y respirarte mientras nos deshacemos en amores y humedades. Quiero gozarte y saciarme de hombre, y luego acurrucarte en mi pecho y saciarme de niño enamorado.<br />
Anhelo tenerte, y que me ames fuera de mi imaginación. Quiero tenerte y que por una vez, existas.]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/04/silencio">
	<title>Silencio</title>
	<link>http://tautina.bitacoras.com/archivos/2006/07/04/silencio</link>
	<dc:date>2006-07-04T09:23:55Z</dc:date>
	<dc:creator>Tautina</dc:creator>
	<dc:subject>pétalos</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<center><img src="http://tautina.bitacoras.com/fotos/silencio.jpg"/><br />
<br />
Yo vivo rodeada de silencio,<br />
del mutismo que acalla al sentimiento.<br />
Mudo abandono éste que experimento<br />
y que me embute en la bruma del desprecio.<br />
<br />
Yo vivo preguntándole a los muros,<br />
qué hice de terrible en esta vida<br />
para ser de tal género infligida<br />
con el silencio de su pensamiento oscuro.<br />
 <br />
Pero ni él, ni los muros, se confiesan<br />
y no hay piedad en la sola palabra,<br />
no hay un porque, un dialogo que abra<br />
la cárcel del silencio que profesan.<br />
<br />
Que vivo confinada en la afonía<br />
de palabras que no denotan nada,<br />
y no puedo contarle lo que siento<br />
porque sé que él, que jamás me habla,<br />
tampoco escuchará mi abatimiento.<br />
<br />
Maldito sea su silencio vejatorio,<br />
maldito su egoísmo,<br />
que ha hecho de mi vida un velatorio. </center>]]></content:encoded>
</item>
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